El temblor en mi cuerpo por tu cercanía, despierta imaginarias historias de cercanías inalcanzables a tu piel. Sueños debajo de mi piel buscan convertirse en mariposa y sobrevolarte, llamar la atención de tus ojos y hacerte sonreír, buscan acercarse prudentes y cínicos a tu cuello, descansar en tu hombro y admirarte desde allí, soñar con tus labios y tus manos. Soñar con recorrer tu cuerpo en irrespetuosa distancia, únicamente permisible a una mariposa; nunca a cualquier otro tipo de ser. Imaginar el conocer cada parte de tu cuello, enredarse en tu cabello debajo de la nuca, soñar con ser rescatado por tus manos, soñar.. Imaginarme capaz de acercarme a tu piel hasta impregnarme de tu aroma, hasta ser parte de ti, hasta convertirme en los latidos de tu corazón, hasta convertirme en tu sangre y contagiarte mi temblor por ti.
Pero una mariposa no puede ir más allá de sobrevolar tus hombros, de rodear tu cuello una y otra vez, de enredarme en tu cabello y ser liberado por tus manos. No puede más que sólo acercarse y soñar en ser tú al inundarse de ti y de tu aroma. Una mariposa siempre está perdida, siempre busca y siempre va, nunca permanece, siempre cambia. El cinismo frente a ti es temporal y tendré que abandonarlo. Los sueños terminan con el frío de la mañana decembrina. Los sueños debajo de mi piel encuentran desilusión en la figura de la mariposa.
Vale la pena soñar en ser un poco más vulgar, incluso mas cínico con tal de acercarme más. Siempre mas cerca… hasta ser tú.
Soñando en vuelos de abeja, viajando enajenado tras la búsqueda incansable e insaciable de tu aroma y tu sabor, la única barrera existente es la de tu propio cuerpo que aparece con un choque que rompe la enajenación de tu esencia en el viento. El viento siempre trae buenas noticias, pero la realidad siempre es más impactante. Eres mucho más de lo que el viento ha dicho. Puedo recorrer tu cuerpo de pies a cabeza, rodearte una y otra vez sin cansancio, puedo descubrir tus formas a detalle y evitar enredarme entre tu cabello. Pero no puedo soñar ni siquiera en tocarte. Puedo verte, puedo respirarte, puedo sentir el calor de tu cuerpo, puedo percibir tu sabor en el aire, puedo erizarte la piel al rozar tu brazo con mi cercanía, pero no puedo hacerte sonreír como la mariposa. Tus ojos no se posarán alegres sobre mí, tus manos no se acercarán con cuidado y ternura. Tus manos buscarán alejarme, tu cuerpo buscará protegerse y encerrarse, mi sueño no llegará más allá de descubrir y ver completamente tu cuerpo.
El temblor bajo la piel, ya no ansía. Desesperado por ser tu, prefiere soñar en ser el brillo de tu piel mojada, prefiere soñar en ser la lluvia que moja tu piel. Insatisfecha por sólo descubrir tu cuello, tus hombros y tus manos, desesperada por reconocer tu cuerpo sin poder tocarlo, la sangre inquieta sueña entonces con ser la nube que al amenazar con lluvia te haga voltear hacia arriba, te obligue a mirarla y le permita caer inerte sobre tu cuello, recorriendo tu pecho hasta ser absorbida por tu piel. Soñando en ser gotas de lluvia que refresquen tu cuerpo, que te hagan estremecer con el choque de temperaturas, que una tras otra, cada gota pueda descubrir un poco más de tu piel, conocer su color, su sabor y su textura. Siguiendo a la primer gota, desbordando tu cuerpo, mojándolo todo, permitiéndole conocer tu rostro, mojar tus labios, acariciar tus párpados, colarse hasta el fondo de tu oído, recorrer hasta el último de tus cabellos, descubrir tus brazos al desbordarse sobre tus hombros, descubrir tu espalda y deslizarse sobre tu espina erizándote la piel. El refresco de las primeras gotas se convertirá en frío, la suavidad de tu piel habrá quedado atrás ante la humedad en tu espalda, tu cuerpo es otro ya. La humedad en ti, queriendo ser tu, pueden ver en tu piel más de ti, de lo que simplemente pudieran ver la mariposa y la abeja. La humedad que te recorre reconoce cada rincón de tu piel. Puede recorrer tus senos sin vergüenza, descubriendo con lentitud la tersura de tus pezones atormentados por la sorpresa del incontenible recorrido corporal que mi sangre, convertida en sueños de lluvia hace sobre tu piel. La gota que fue absorbida por tu pecho renace con fuerza para tratar de estrujarte, buscando abrazarte con fuerza incrementa su fuerza sobre tu cuerpo, recorre tu piel con avidez, se pierde en remolinos sobre tu vientre alrededor de tu obligo, se pierde entre tus axilas, se desliza sobre tus brazos, se pierde en tus dedos, nada la detiene. La gota que se perdió en tu cuerpo, es ya tu piel. Deslizándose sobre tu vientre recorre tus piernas, se convierte en parte de tu sexo, se desliza sobre tus muslos con lentitud hasta tus pantorrillas, arrecia en cascada sobre los tobillos e inunda cada dedo de tus pies. La gota que se perdió en tu pecho ha robado el sabor de tu piel y la textura de toda tu piel, la gota de agua tiene el sabor de tus párpados, de tus labios, de tus oídos, de tu cuello, de tus senos, de tus pezones, de tus axilas, tu vientre, tus piernas, tus muslos, tu sexo, tus pantorrillas, tus tobillos y cada dedo tus manos y pies. La gota que se perdió en tu pecho se ha robado el olor de tu piel. La gota que se perdió en tu pecho te ha robado un poco de ti.
La gota que se perdió en tu pecho, es la gota de mi sangre que tiembla ante tu cercanía, soñando con ser mariposa o abeja, soñando con ser gota de agua que te recorra y descubra las texturas de tu piel, tus olores y tus sabores, soñando con ser mi en ti, como tu eres ahora en mi… un temblor.
Eras tú o era el sol, o esa gota que mojó tu piel?
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FELIZ NAVIDAD PASATELA BONITO EN COMPAÑIA DE TUS SERES KERIDOS